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de porqué no hay que cortarse el pelo cuando llueve, y otras peripecias

Otro año que aparece sin pedir permiso!

Gracioso es que arriba de la bici es cuando más me inspiro. Debe ser por eso que soy tan adicta a mi caballito de hierro. Sei lá, siempre que bajo hasta casa de noche es cuando más ganas de escribir me dan. Llego cansada, atolondrada, con la lengua afuera y las palabras e ideas huyen apavoradas.

En uno de mis viajes estelares la otra noche un taxista quizo atropellarme. Tal vez por eso sea el oficio que le tengo prohibido a mi hijo de ejercer. Podés ser lo que quieras, menos taxista, le dije.

Y llueve, llueve y llueve hoy. Veníamos esquivando las gotas ácidas en Porto Alegre, ya que llovía por todos lados menos acá. Y anoche llegó el tan ansiado chaparrón.

Entre las cosas que no me gustan hacer en esta vida, y al margen del conocido rechazo que tengo por la cocina, está ir a la peluquería. Jamás entendí porque a las mujeres les gusta tanto estar horas y horas sentadas en el rincón mas chismoso del planeta, para cortarse el pelo o pintarse las uñas.

En fin, hoy fui yo. Hoy, que llueve como cataratas, me mandé yo. Claro, no había nadie. Genial. Que bueno, un lunes, no viene nadie… que viva que soy.

Pues bien, la cuestión es simple. Las personas no van a la peluquería los días de lluvia porque existe un alto riesgo de parecerse a un león a la salida.

La falta de costumbre conlleva a la inexperiencia, tal vez hasta a la falta de conocimiento, a la ignorancia en muchos casos.

Es mi caso hoy.

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