Atitude

Esperaba en la fila del supermercado camino a casa. Observaba a la mujer en la caja con su sonrisa fresca, sin apuro, cobrar, relojear y guardar los objetos de los clientes, uno a uno, en las bolsas.

Todo el resto en la fila esperando.

Ningún personaje siquiera intentó guardar sus propias cosas.

Llegó mi turno, y evitando darle relieve al hábito que me hace guardar mis compras:

“Oi”.
“Boa tarde”, respondió.
“Nenhum cliente te ajuda a guardar as coisas?”, pregunté curiosa.
“Dificilmente”, me devolvió con una sonrisa.

Seguí camino a casa, intrigada.

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