Monthly Archives: October 2014

Amigo

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Por vos únicamente.
Con esta gripa, con este cansancio, salgo.
Para verte, mi amiga.

Conexión hecha en la calle Olazábal,
Hace ¿cuánto? Unos 14 años.
Somos tan parecidos, pensamos.
Nos separa el género,
Nos une un equipo de fútbol
Y nos separa otro.

Somos tan parecidos, amigo.
Nos separan los kilómetros y los años.
Nos une el cariño.
El saberse.

“Vos no tenés nada de rencor, impresionante eso en vos”, me dice.
“Sos una berraca”, arremata.

Contáme, como está la vida.
Te cuento, así está.

Increíble verte, mi amigo.
Sin programarlo te comparto la vida brevemente en las calles de la ciudad de la furia.

Gracias por el regalo.
Por tu querencia.
Por tu persona.
Por tu hombro y tus palabras sabias.

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Tiempo

Tiempo de elecciones,
Reacciones y emociones.
Al menos eso, aún despierta sentimiento, algún interés.

Elije Brasil,
Yo enseño sobre la diferencia entre influencia y manipulación.

Concluyo:
Los mismos métodos en los últimos 100 años, los mismo discursos,
Las mismas quejas,
Las mismas reflexiones.
¿Porqué evolucionamos en tecnología ,
Porqué a conciencia atrofiamos el pensar?

Marina y el bicho

El bicho fue tajante.

Marina me había engañado sin querer.

No quiero estar mas contigo, dijo el bicho. Tajante, sincero, directo.

Marina y su arte.
Opuesto al mío,
El mío es quieto, eterno, de palabras que no se lleva el viento.
Marina ejecuta lo efímero en acción,
Duele de verlo.
Sufre de placer.
Mi arte explota por describir detalle y amor.
Sufro de no compartirlo.

En ella entendí porque al frenesí se lo interpreta como locura tantas veces.
En ella, que se deleita con el sufrimiento, tan opuesto a mi, encontré la compresión en lo incomprendido.

Marina, ella, me regaló un pedacito de mi misma.

Llego a ella equivocadamente,
Me identifiqué cuando entendí que el bicho me abrazaría igual, me entendería igual.

Urbano

Miro la luna imponente erguida sobre el Río Paraná y se me acerca un personaje a venderme una revista de escritores, poetas y periodistas locales.
“El lado oscuro de la ciudad”, me dice.
Yo la compro, escribía otra poesía cuando me interrumpió.
“Te la compro porque yo también soy escritora. Bueno, en realidad pretendo serlo”, le digo.
“Escribir es un eterno intento”, me responde.
Y me entrega la revista con una postal de regalo que dice:
“Solo los peces muertos siguen la corriente del río”.
Sonrío, miro la luna y camino en dirección contraria a la corriente.

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Ay.
Ay, me tropecé.
Ay, que frío que hace en Rosario y no traje abrigo.
Ay, casi ganamos el superclásico.
Ay, abrazo relámpago a la mujer que mas amo. (Ay, como la amo!)
Ay, mi ciudad, mi país.
Ay, como extraño a mi gurí.
Ay, este maldito autosabotaje.
Ay…
Aquel Ay. Kadé ele.

Soy de Buenos Aires

Que angustia terminar “La Tregua”,
Al mismo tiempo que alivio comprender mas allá de las palabras.
Benedetti, por mas que sea del otro lado del charco, conversa conmigo de igual a igual.
Me recuerda quien soy, lo que soy.

Termino “La Tregua” al aterrizar en la ciudad que me vio nacer.
Por mas lluviosa que esté, que linda que es.
Que potente. Que altanera. Que orgullosamente arrogante.
Buenos Aires.

Paso en la aduana y por primera vez me siento de afuera. “Argentinos” por un lado, “Extranjeros”, por el otro. Mi documento dice por el otro. Mi corazón, mi sangre, mi nudo en estómago de emoción, dice por un lado.

Veo en cinco minutos esa tan porteña mezcla de moderno y nostálgico. Ese quilombo tan nuestro, tan mío.

Me pregunto si alguna vez cumpliré el sueño y la promesa de volver. O si dejaré que el planeta me continúe invitando a dar vueltas en cada esquina.

Mi promesa hoy, ahora, es no dejar nunca más ese sentimiento de extranjeridad hacer dudar de donde soy ni de lo que soy.

Se lo agradezco a Benedetti, de quien me despedí esta mañana con un cafecito en Montevideo. Y se lo agradeceré a alguno que haya escrito en argentino alguna historia en la misma lengua rioplatense que no dejaré esfumar.

El balcón

Lo que más placer me da en la vida son los pequeños detalles. Esos a los que llamamos felicidad. Que si los sumamos, podemos tener una idea de lo felices que venimos siendo.

El balcón en casa es uno de esos pequeños detalles, ni por su vista, ni por su comodidad, sino por los momentos eternos de luna, amanecer y atardecer que me proporcionan las mejores reflexiones y pensamientos.
No sé que tiene este balcón que me gusta tanto.

Las charlas, los silencios, los mates compartidos, los besos dados, las fotos imaginarias. No sé.

Hoy quisiera que converse conmigo, que responda. Que me consuele el dolor, que me abrace y me de aliento.
Quisiera que me explique porque. Quisiera que me sacuda de rabia, que me diga “viste? Yo te avisé”. Quisiera que me saque para siempre los anteojos con aumento equivocado que no me dejan ver con los ojos, sino que me obligan a pensar con el corazón.

Quisiera que me advierta, como hizo el capitán cuando le conté de mi idilio, que dijo que “todo es muy bonito hasta que deja de serlo”.

Y yo no me resigno. Porque siendo terca que alcanzo los momentos de plenitud máxima.
Siendo terca quisiera continuar con la esperanza que la pasión por la vida será compartida de verdad.

El balcón sigue en silencio esta tarde portoalegrense. Tarde primaveral con todas las letras. Silencio otoñal, vacío invernal.

Esos dos

A veces aparece el morocho, el otro,
el que omite las eses, al que le huyen las palabras,
el impuesto por la costumbre,
el apegado al hábito, el preso a lo que no es.

Pero a veces, nada más.

Casi siempre se encienden los ojos miel,
se entusiasma el espíritu,
camina coloreando por donde pasa,
sonríe mordiendo el labio, inclina el rostro,
mira el pasado hacia atrás,
suda en silencio y terror si cambio las papas fritas,
llora de alegría, llora de placer, llora de dolor,
abraza la vida, ama la vida, es.

Eso conmigo, ¿nadie más?