Brujo


A veces una poesía merece una novela. 

Son tantas las palabras,
los asuntos. 

A veces un fernet dispara fuerte,
pero freno.
Freno porque sé de mis defectos y virtudes,
y sé cuánto entro cuando me meto
y cuánto no salgo cuando entro.

Aprendi, con el tiempo
y la experiencia,
a invadir solo si me convidan.

Aprendi a callar cuando una mirada me desvela,
cuando caigo en un crux al pensar en una foto.

Aprendi a escuchar cuando saben,
cuando me enseñan,
cuando se le ilumina el alma
a aquel que toca su naturaleza sin querer.

Aprendi a callarme cuando veo soledad,
aprendi a abrazar en silencio,
aprendi a escuchar en el fondo de la fiesta,
a alejarme,
pero también a acercarme en puntas de pie.

Aprendi que si hiero me alejo,
que si motivo abro las puertas
a un universo de evolución constante.

Porque, brujo,
hace mucho agoté mi cuota de sufrimiento en esta vida,
hace mucho que me comprometí a ser feliz de verdad,
hace tanto tanto que a lo malo lo corrijo,
y a lo bueno lo enamoro,
lo asimilo,
lo encanto y me encanta.

Esta noche te extiendo mi mano,
te abro la puerta.

Nuestra raza se extingue,
si,
pero aún somos y mucho.

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