Estos días de nosotras

Una vez, uno de esos amigos de la vida,
de esos amigos de para siempre,
me dijo que esos días de nosotras no deberían doler,
que mas normal sería que no nos cambie nada,
que si quería me ayudaba con su medicina a pasarla mejor.

Pero esos días de nosotras,
que tantos exabruptos y arrepentimientos me han costado,
también me ahogan en un profundo existir.

Así como me gusta,
en el balcón hoy (infelizmente) sin mi mejor amiga la luna,
me siento a un costado de la vida a sentir,
a observar,
a entender.

Hoy lo extraño a papá,
me doy cuenta que cuando vuelva
no lo volveré a ver.
Porque siempre me iba
y sabía,
que al volver,
él estaría.

Hoy sé que estoy lista para tantas cosas,
que tantos obstáculos y piedras se han quedado atrás.

Sé que fui, soy y quiero ser.

También veo,
cuánto el estar así,
lo que defino lista,
me ha dejado vulnerable brevemente,
un poco, talvez,
a abrir la puerta prematuramente.
Por un deseo,
quien sabe,
por un estar,
ser,
sentir.

Cuando miro al Chino,
cuando respiro por él, sé.
Sé que no puedo titubear más.
Que ya no soy materia de risa,
ni de juego,
mucho menos de dudas.

En estos días de nosotras,
en estos balcones sin luna,
en estas camas vacías,
en estas épocas,
no deseo que me jueguen más.

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¿Porqué Ahora?

Que porqué no antes,
pregunta el brujo.

La musa ríe,
de aquellas sonrisas que solo el buen observador percibe.

En aquella leve y profunda sonrisa yacen todos los motivos del porqué tanto mejor ahora.

La musa sonríe com un dejo de alivio,
alivio del deber cumplido.
Cumplidos los ciclos de lucha,
cumplidos los ciclos de búsqueda interna,
cumplidos todos los esfuerzos
casi sobrehumanos,
llenos de obstáculos por dentro y fuera,
llantos internos,
alegrías efímeras,
con el único y absoluto objetivo de se saber.

Y el objetivo se cumple.
Aqui y ahora.
Hoy.
Un hoy de mucho mas de 24 horas,
un hoy, presente y eterno.
Como el amor por un hijo,
es ahora,
es siempre.

Y antes ¿qué se yo?
Antes dele que sube y baja,
muda para allá,
para acá,
para tantos lados.

“Vos cuidado que un día me enamoro”, le dijo a ese amigo en común.
“No es tu perfil, me quedo tranquilo”, respondió
(triunfante e ignorante)…

Pero eso era antes,
aquel antes de los ciclos.
Aquel antes que a consciencia no se acepta por necesidad.
Sino que se busca la voluntad.

Porque la musa sabe,
se conoce,
no se une por necesidad,
se une por voluntad.

Entonces mejor ahora,
los ciclos del antes están cumplidos,
la cocecha del hoy eterno
es el mejor regalo.

Acontece

(Sos tanto.
Te lo dije esta noche
entre líneas que escribía y borraba enseguida,
una y otra vez.)

En mi cuento no hay búsqueda
en mi cuento no hay vacío
en mi historia,
el corazón late tranquilo.

Mar de nubes, decís
montaña que no atenúa, insistís
neblina que no endurece,
del otro lado estoy yo.

Sabés una cosa?
Voy, así sea a aquella cabaña,
por mas lejana que sea la isla,
soplo la neblina que confunde el camino.

Voy,
porque de tus caminos,
de las opciones,
solo acepto una.

Entro,
me apetece,
me quedo.

Sé que el viaje no se desmerece,
ya que todo lo leído,
imaginado,
conversado,
es real.

(“O que acontece, é que não se pode evitar o que sucede (…).”

Tipos de Comunicación

Mándeme un deleite ocular,
le digo.
Mándeme una catarata de palabras
que abracen
y completen.

Manda todo eso y más.

En pleno siglo XXI aún existen personas que se comunican con poesía.

Brujo


A veces una poesía merece una novela. 

Son tantas las palabras,
los asuntos. 

A veces un fernet dispara fuerte,
pero freno.
Freno porque sé de mis defectos y virtudes,
y sé cuánto entro cuando me meto
y cuánto no salgo cuando entro.

Aprendi, con el tiempo
y la experiencia,
a invadir solo si me convidan.

Aprendi a callar cuando una mirada me desvela,
cuando caigo en un crux al pensar en una foto.

Aprendi a escuchar cuando saben,
cuando me enseñan,
cuando se le ilumina el alma
a aquel que toca su naturaleza sin querer.

Aprendi a callarme cuando veo soledad,
aprendi a abrazar en silencio,
aprendi a escuchar en el fondo de la fiesta,
a alejarme,
pero también a acercarme en puntas de pie.

Aprendi que si hiero me alejo,
que si motivo abro las puertas
a un universo de evolución constante.

Porque, brujo,
hace mucho agoté mi cuota de sufrimiento en esta vida,
hace mucho que me comprometí a ser feliz de verdad,
hace tanto tanto que a lo malo lo corrijo,
y a lo bueno lo enamoro,
lo asimilo,
lo encanto y me encanta.

Esta noche te extiendo mi mano,
te abro la puerta.

Nuestra raza se extingue,
si,
pero aún somos y mucho.

I Put A Spell On You

Poesía es mensaje
poesía es música
es instintiva
es pensada.

Me siento en un banco en Puerto Madero un otoño hace muchos años.
Me siento en ese banco y escucho a Piazzola con su bandoneón.
Al sentarme en ese banco tatúo un momento que se repetirá en mi memoria mas de 15 años después,
de la nada,
por casualidad,
por conexiones semánticas que atraviesan océanos,
naciones,
casualidades,
karmas y destinos.

Hoy decidí hacer de esas casualidades una utopía motivadora.

Porque hoy voy y vengo en tiempo y espacio,
combinando pasiones y deseos,
imaginando ilusiones imposibles,
y haciendo de ellas lo que resta.

Resigno al destino lo que sea,
lo que quiera,
me siento al costado del existir
y te observo en silencio.

(y aprendo)

¿Que porqué escribimos?

Abrí tu página y quedó así, abierta,
porque saludaste y me distraje, brujo.

Pasaron ¿qué? ¿segundos? ¿horas?
No sé
Pasó un buen rato y me olvidé.

Y puse música,
y me puse a trabajar,
y me puse a admirar una noche
un rato con la vida,
y me acordé, y puse el mouse en tu ventana y la leí.

¿Puedo ser sincera?
No sabía a donde ir,
por donde empezar,
inclusive si empezar.

Pasé el mouse por acá y allá
“Porque escrevemos?” decía la primera oración.

¿Y porqué escribís vos?
¿Porqué escribo yo?

Desde tan chica que no sé existir sin hacerlo,
hace tanto que ni sé como se vive sin palabras recitadas en un papel,
en una página
en el aire
acá.

Lo que no te dije
cuando me contaste de tu dolor
es que hace mucho que no escribo por angustia
desgracia
o problema.

¿Porqué escribo?

Por amor,
por vida,
por sonrisa,
por mi hijo,
por ayer,
por hoy,
para siempre.

La Mochila

Cuánto conversamos con nosotros mismos para convencernos,
para nortearnos,
inclusive para tatuar en palabras conquistas y fracasos.

Difícil diferenciar en el día a día cual de esas razones motivan nuestro diálogo interno.

Devemos, eso si, policiarnos constantemente.

Me pregunto cuanto será que ese constante policiamiento afecte al hedonismo necesario para reír naturalmente ante cada pequeña alegría diaria.

Sí sé que busco ese equilibrio,
asumiendo los riesgos del error,
aprendiendo del dolor,
abrazando los triunfos como sólidos y eternos.

A veces demoramos un poco más que otras veces, si.
A veces demoro mucho más de lo que mi lógica me permite,
pero sacarse de encima mochilas pesadas es, y deve ser, siempre celebrado como un triunfo.
Sea el asunto que sea,
el motivo que sea,
la razón que sea.

Porque es nuestra obligación,
como seres humanos,
ser siempre honestos a nuestros valores más básicos y fundamentales.

Imagináte

“Imagina como se sente ser estrangeiro na própria terra”, me dijo.

Imagináte como se siente una cuando ve
cuando observa
cuando lee
cuando tiene claridad absoluta de entendimiento
y al silencio interno corren las certezas.

Imagináte como se siente una cuando mira para todos lados
y cuando en ningún lado de su generación
hay conexión
hay satisfacción
hay realización.

Imagináte como se siente una
una que siente, y mucho,
una de cuarenta
como se siente cuando mira a las de cuarenta
o cuarenta y pico
intenta atravesar la superficie
lo logra
y debajo no hay nada.

Imagináte
Pensáte
Observáte
Miráte
Abrazáte
Conectáte.

Se fue y se va

Él apagó su vela,
ella mira el humo que quedó.
No quiere más,
llora y lo extraña.
Sus 62 años de historia
pasan como relámpago en su mente.
Lo amó, ama y amará.
Son la mayor historia de amor,
de aquellas de novela,
de las que vemos en películas.
Él se fue,
ella se apaga de a poco,
se quiere ir con él.

(Mami, como te entiendo…)