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Folklore popular: Boca, Grêmio y piropos al sentimiento.

Nada mejor que el fútbol para representar al pueblo. Al menos ese viene siendo mi momento de alienación favorito desde que puse los pies por primera vez en la Bombonera. La Bombonera que no vibra, sino que late.

Y claro, allá lejos y hace tiempo, el Campín en mis tiempos colombianos. Compartiendo sufrimiento con los Comandos Azules, o sin ellos.

Y ahora en el Olímpico (me niego a escribir, siquiera pronunciar la segunda parte del nombre del estadio de Grêmio), momentos de alegría, gritos de gol, los gouuuuuhhh de siempre – que, valga la redundancia, siempre retornan como goles del rival -, la frustración de perder o de no ganar, como hoy.

Pero hoy no fue un día memorable por el sabor a derrota del empate casi injusto (casi, porque los goles fueron todos válidos, injusto porque hubo penales para nosotros no cobrados). No fue memorable por haber entrado con la entrada de mi hijo de 4 años, ni por indefectiblemente comparar un super-clásisco brasilero con el super-clásico mas importante del mundo. (la popular de socios norte y tantas horas de espera, tantos cigarrillos envenenando el espíritu, y tantas anécdotas que no quedarán jamás en el olvido).

Sumado a las cuestiones paradójicamente importantes a un partido de la envergadura como el de hoy, muchos motivos que para la gran mayoría quedarán disipados al final de la memoria al año siguiente, hubo un instante, un momento de sentimientos encontrados. Fueron segundos, creo que no llegó al minuto.

Horas antes del esperado encuentro algunos jugadores del equipo rival salen al campo a reconocer el pasto. Entre ellos uno de mis ídolos de mis tiempos de la Bombonera, el Pato. Qué emoción verlo. No sé cuánto tiempo, si un segundo, minutos o qué, pero vinieron a mi mente tantos partidos, tantas emociones, tanta energía, y tantos amigos y mas.

– Disculpáme amor, es un momento contradictorio para mi, me emocioné de ver al Pato.
– Não tem problema, entendo. – me dice, siempre coherente, comprensivo.

Milésimas de segundo mas tarde, aparece otro personaje histórico de aquella época, pero de nuestro rival, d’alessandro. Stop. Acabó la nostalgia. Comenzó la rabia.

– Listo, ya pasó, estoy 100% acá y ahora.
– Legal.

Y a la espera de los 90 minutos, injustos o no, de alienación preferida.

(este post está dedicado a aquellos que compartieron y comparten el fútbol conmigo, que jamás quedarán reducidos a nostalgia, porque hacen parte de la historia de mi vida, de los momentos que mas reí, lloré y amé)

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Silencio


Cansa.
El silencio abrupto después de la tormenta,
el cambio frenético de un día al otro.

De alguna manera intuir debía,
seguir su tranco,
adivinar sonrisa o pereza, humor y alucinación.

Cansa.
Sube, baja, paranoias, escudos.
Por tercera y última vez, olvida.

De espalda

Pasos seguros, firmes,
Mirada en el piso, mente en mil colores,
Camisa a cuadros y escudo de humo, frágil.

Va y viene, de un lado para el otro,
mente en mil cuadros, y silencio ensordecedor.

Distancia de un universo de realidades múltiples,
de historias de tiempos paralelos,
Escudos de humo, de viento, de luz y sombra.

De espalda la distancia es eterna,
gigante.
Imposible.